El síndrome de la batería

Hace tiempo que una buena amiga se compró un portátil, y dispuesta a hacer las cosas bien, me escribió pidiéndome consejo sobre cómo mantener la batería correctamente. Le respondí que, en realidad no tenía mucha importancia: hagas lo que hagas se irá degradando hasta que, sencillamente, morirá. O morirá antes el ordenador y el eventual esfuerzo habrá sido en vano.

Como me aburría decidí escribirle una historia que hoy he recordado gracias a este post de Mactuina, que publico a continuación y que resume mi opinión al respecto…

El síndrome de la batería

Ya está al 30%, me digo eufórico mientras observo mi cronómetro detenidamente. Creo que esta vez voy a conseguir que me dure cinco minutos más que la última vez. Arranco los tres programas que uso para monitorizar la descarga y descubro que la cosa pinta bien: uno predice que me durará un 101% más de lo previsto en fábrica, otro que el 110%, y otro el 104%. Saco la media con la calculadora y sonrío satisfecho: lo estamos bordando.

Hundido en el sillón, recuerdo cuando me compré el portátil nuevo y volví a casa. Me moría de ganas por enchufarlo pero supe resistirme a la pérfida tentación. Lo primero es ponerlo a cargar, para maximizar su primera carga. Después lo utilicé hasta descargarlo, con el noble objetivo de calibrarlo debidamente. Esa misma noche lo puse a cargar, y me puse el despertador a las 4:00 para ver cómo el piloto pasaba a verde y podía desconectarlo de la corriente eléctrica.

Y aquí estoy ahora. Con mi batería que dura casi seis horas. En realidad nunca viajo con mi portátil, así que en el fondo me da igual que dure o que no, pero es una cuestión de honor. Todas las mañanas lo uso hasta el 40%, algunos días un poco más para moverla bien. A las 12:00 lo pongo a cargar, lo justo para que después de comer lo tenga listo. Entonces lo apago, saco la batería y lo uso sólo con la corriente. Me acuerdo del día en que se me desconectó el cable y se me fue el trabajo a tomar por culo porque no tenía puesta la batería. En fin, un daño colateral: mi batería es más importante.

Precisamente hoy han venido unos amigos a casa y hemos organizado una pequeña fiesta. Les estoy enseñando orgulloso mi portátil, recién calibrado además. Llevo medio año con él y sólo ha tirado 10 ciclos de batería. Sin embargo he bebido más de la cuenta, y en un momento dado tropiezo y derramo sobre el teclado mi ron con cola. Mierda. El portátil comienza a chisporrotear, alimentado por los 5457 mAh originales de mi batería.

«Padece usted el síndrome de la batería», me dice con voz neutra y distraida el psiquiatra, mientras me remuevo inquieto en mi camisa de fuerza. Maldita sea, me digo. Para una vez que lo había conseguido… mierda.

5 comentarios

  1. Consuélate… hay gente que mete las pilas en el frigorífico cuando no está usando el aparato que las consume ( verídico) e incluso cuando la pila está casi gastada del todo piensa que unas horitas en el frigorífico las «recarga». Supongo que habrá también alguien a quien se le ocurra meter la batería allí con la esperanza de que se conserve XD Con tal de que la batería nos dure eternamente somos capaces de todo, juas.

  2. Vaya ¬¬ …yo creía que dejarlas en la nevera las conservaba mejor.

    De todas formas, la convervación de la batería del portátil es polémica pero polémica… Es algo que deberían mejorar. De todas formas prefiero que se me estropee la batería antes que el disco duro como he llegado a ver.

  3. Jajajaa! Me parece genial!! Lo tendré en cuenta para no volverme tan obsesiva beber cerca del Mac. ;)

  4. Bueno, he editado tu primer comentario para corregido, Atuina :-)

    Yo lo de la nevera no lo había leído nunca, la verdad :-P La clave aquí es que hacer que la batería dure es una batalla perdida antes de comenzar. Claro que se pueden seguir algunas normas, pero recordad, hermanos, que la batería se hizo para el hombre, no el hombre para la batería xD.

    Gracias a todos y un saludo :D

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