Es la frase que salía de boca de mi ídolo de la infancia, RoboCop, cuando arrestaba a un delincuente, ya fuera con cooperación o sin ella… La primera entrega de lo que luego fue una olvidable saga me encanta por varios motivos. En particular, creo que da una esperanzadora aplicación a la robótica, y presenta un drama humano muy interesante, con muchas connotaciones filosóficas. Supongo que cuando era pequeño todas estas consideraciones no me importaban en absoluto… pero se trata de un personaje que me divertía y me emocionaba a partes iguales…

Hoy tengo que decirles a mis lectores «gracias por su cooperación». El post anterior retándoles a realizar un diagnóstico sobre un problema intrigante ha desbordado mis espectativas por la respuesta masiva y el enorme nivel de conocimientos que se aprecia en los comentarios. Ya puedo revelar que mi diagnóstico básico es el de un fallo en la controladora del USB, y la reparación requerida, sustituir la placa base.
No obstante, muchos lectores aportaron ideas muy interesantes sobre el problema, así que en cuanto tenga un poco de tiempo libre, revisaré el equipo a fondo para completar mi hipótesis sobre el tema. Y les mantendré informados.
Por cierto, que RoboCop tenía grabadas en su circuitería cuatro directrices, que eran:
- Servir a la confianza pública
- Proteger al inocente
- Defender la ley
- Clasificada
La cuarta directiva, de la que en principio Robocop no era consciente, le impedía detener a cualquier miembro de la OCP (la organización que en la película controla la policía de Detroit), y quedaba paralizado si lo intentaba. Eso de las directivas está relacionado con las tres leyes de la robótica enunciadas por Asimov, que son:
- Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
- Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
Hay que decir que esto es ciencia ficción y hay que tomárselo como lo que es. Isaac Asimov escribió historias fantásticas sobre robots que sienten y que razonan, pero lo cierto es que estos procesos nos quedan aun demasiado lejos: Estudiemos primero si las redes neuronales nos pueden ayudar a romper el límite computacional. Apuesto a que sí. Una vez hayamos conseguido esto, veamos dónde está el nuevo límite. Comprendamos entonces el funcionamiento de la mente y diseñemos un modelo de la misma.
Creo que moriré sin haber visto a un RoboCop de verdad…